viernes, 13 de septiembre de 2013

Algo para pensar

Algo infinito y totalmente fantástico.





Aunque yo trate de compartir mi experiencia cercana a la muerte aquí, no hay palabras que siquiera se acerquen para describir su profundidad y la cantidad de conocimiento que me inundaron. La mejor manera de hacerlo es a través del uso de metáforas y analogías. Espero que a través de ellas capten una parte de la esencia de lo que estoy tratando de compartir aunque sea pequeña.

Imagínense una inmensa y oscura bodega. Allí viven ustedes y usan apenas una linterna pequeña para ver. Todo lo que conocen acerca de lo que contiene este espacio enorme es lo que han visto mediante el haz de esa linternita. Cuando ustedes quieren buscar algo, puede que lo encuentren o no, pero eso no quiere decir que la cosa no exista. Está ahí pero ustedes simplemente no la han enfocado. Y aunque lo hayan hecho, puede ser difícil distinguir el objeto que ven. Pueden tener una idea más o menos clara de lo que es, pero a menudo se preguntan qué es. Sólo pueden ver lo que enfocan con su linterna hasta identificar aquello que ya conocen.

Esto es similar a lo que pasa en la vida física. Somos conscientes únicamente de lo que enfocamos con nuestros sentidos durante un tiempo y podemos entender solamente lo que ya nos es familiar.

Luego, imaginen que un día alguien enciende todas las luces. Ahí por primera vez, de pronto en un estallido de brillo, sonido y color, pueden ver la bodega completa, y no se parece a nada que jamás hayan imaginado. Las luces parpadean, brillan y sacan chispas rojas, amarillas, azules y verdes. 

Ven colores que no reconocen, unos que nunca han visto antes y una melodía envolvente y caleidoscópica inunda el recinto con sonidos jamás antes escuchados.

Señales de neón pulsan en un arco iris de colores cereza, limón, bermellón, uva, lavanda y oro. 

Juguetes eléctricos corren arriba y abajo en rieles y alrededor hay repisas llenas de cajas de colores indescriptibles, paquetes, papeles, lápices, pinturas, tintas, latas de comida, paquetes de dulces, botellas de bebidas gaseosas, chocolates de todas las posibles variedades, champaña y vinos de cada rincón del mundo. Explotan de pronto cohetes lanzando flores centelleantes, cascadas de fuego frio, brasas sibilantes y luces animadas.

La vastedad, complejidad, profundidad y amplitud de todo lo que está pasando a su alrededor son sobrecogedoras. La vista se pierde en el horizonte pero saben que existe mucho más de lo que pueden asimilar de este torrente que exacerba sus sentidos y emociones. Ustedes tienen un fuerte sentimiento de ser realmente parte de algo vivo, infinito y completamente fantástico y de ser parte del gran tapiz que se desenrolla y que va más allá de la vista y del sonido.

Entienden que lo que pensaban que era su realidad, de hecho no era más que una mera brizna dentro de la inmensa maravilla que los rodea. Pueden ver cómo todas las diversas partes se interrelacionan, cómo ellas juegan entre sí y cómo todo encaja. Se dan cuenta que existen tantas cosas diferentes en la bodega que nunca antes habían visto, que ni siquiera en sueños habían imaginado con semejante esplendor y gloria de colores, sonidos y texturas –pero ahí están, junto a lo que ya conocían. Aún esos objetos, tenían un contexto nuevo y completo: también aparecían como nuevos y súper reales. 

Aunque la iluminación general se apague, nada podrá quitarte tu entendimiento y claridad, la maravilla y la belleza, ni la vivacidad fabulosa de la experiencia. Nada jamás podrá anular el conocimiento de todo lo que existe en la bodega. Ahora estás mucho más consciente de todo lo que allí existe, de cómo acceder a ello, comparativamente con lo que antes lograbas a través de la linternita. Ustedes permanecen con el sentido de gran admiración por todo lo que han experimentado en esos momentos lúcidos y enceguecedores. La Vida ha tomado un significado diferente y sus nuevas experiencias se crearán a partir de esta nueva consciencia.

Divagué por mi recién encontrado entendimiento en el otro reino y gocé explorando esa consciencia que lo abarcaba todo. Al hacerlo, fui consciente que tenía que hacer una elección.

Alcancé un punto donde de nuevo sentí la fuerte y reconfortante presencia de mi padre envolviéndome, casi como si me estuviera abrazando.

“Papá, ¡se siente como si hubiera llegado a casa! ¡Estoy tan feliz de estar aquí! ¡La vida es tan dolorosa!”, le dije.

“Pero tú estás siempre en casa, mi amor”, me transmitió, “siempre has estado y siempre estarás. 

Quiero que lo recuerdes”.

Aunque no había sido muy cercana a mi padre en la niñez, todo lo que sentía que emanaba de él ahora era amor glorioso e incondicional.

Durante mi vida física con él, a menudo me sentía frustrada por sus intentos de hacerme seguir las normas de la cultura india, tales como tratar de casarme joven y hacerme sentir que no encajaba cuando yo no cumplía con ellas. Pero en este reino, comprendí que por encima de las restricciones físicas o las ataduras de su condicionamiento cultural y sus expectativas, lo único que tenía para mí era amor puro.

Las presiones culturales que me impuso durante la vida, todas se derrumbaron porque ellas eran parte solamente de la existencia física. Nada de eso importa después de la muerte; esos valores no continuaban en la vida del más allá. Lo único que permanecía era nuestra conexión y el amor incondicional que sentíamos los unos por los otros. Así que por primera vez, realmente me sentí adorada y protegida ante la presencia de mi padre. Me sentía increíble, ¡como si finalmente hubiera retornado a casa!

Nuestra comunicación no era verbal, sino una fusión de comprensión mutua. No se trataba de que yo comprendiera a mi padre –era más bien como si yo me volviera él. Entendía que él estuvo con toda mi familia durante todos los años después de su muerte; con mi madre, apoyándola y cuidándola y hasta en mi boda y enfermedad.

Fui consciente de que la esencia de mi padre se comunicaba conmigo más directamente: “Mi amor, quiero que sepas que todavía no es tu hora para venir a casa; pero aún puedes elegir si quieres venir conmigo o regresar a tu cuerpo”.

“¡Pero mi cuerpo está tan enfermo, agotado y acabado con el cáncer!”, fue el pensamiento inmediato que me invadió. “¿Por qué querría regresar a ese cuerpo? No ha causado más que sufrimiento -no sólo a mí, sino a mamá y a Danny! No veo ningún propósito en regresar”. 

Sin mencionar que el estado de amor incondicional era de tanta felicidad y arrobamiento, no podía resistir el solo pensamiento de regresar. Yo quería permanecer donde estaba para siempre.

Lo que pasó enseguida es terriblemente difícil de describir. Primero, sentía como si todo aquello en lo que enfocara mi atención, apareciera frente a mí. Segundo, el tiempo era completamente irrelevante. Ni siquiera era un factor a tener en cuenta, como si no existiera.

Antes de este punto, los doctores habían hecho exámenes sobre el funcionamiento de mis órganos y su reporte ya había sido escrito. Pero en ese reino, parecía como si el resultado de esos exámenes y el informe dependieran de mi decisión pendiente: vivir o seguir con mi muerte. Si escogía la muerte, los resultados de los exámenes indicarían que los órganos habían fallado. Si escogía volver a la vida física, ellos mostrarían mis órganos comenzando a funcionar de nuevo.

En ese momento, decidí que no quería volver. Enseguida fui consciente de mi cuerpo físico muriendo y vi a los doctores hablando con mi familia, explicándoles que la muerte se debió a falla de los órganos. 

Simultáneamente, mi padre se comunicó conmigo: “No puedes llegar más lejos, querida. Si prosigues, ya no podrás dar marcha atrás”.

Me di cuenta de un límite frente a mí, aunque no había demarcación física alguna. Era algo como un umbral invisible demarcado por una variación en los niveles de energía. Sabía que si lo cruzaba, no habría retorno. Todas mis ataduras con el mundo físico quedarían cortadas de manera permanente y, tal como lo había visto, le dirían a mi familia que mi muerte se debió a la falla de los órganos causada por el linfoma en etapa terminal.

El amor incondicional y la aceptación eran increíbles y yo quería cruzar el umbral para continuar con la experiencia por toda la eternidad. Era como si estuviera envuelta en la unicidad, la esencia pura de cada ser vivo y todas las criaturas, sin sus dolores, penas, dramas y egos.

Volví mi atención hacia la reacción de mi familia cuando les dieran la noticia de mi muerte. Vi la cabeza de Danny enterrada en mi pecho sin vida, sosteniendo mi mano débil. Su cuerpo se sacudía con profundos e inconsolables sollozos. Mi madre estaba parada cerca a mí, pálida como una sábana sin poder creerlo. Y mi hermano, Anoop estaba aturdido al comprobar que no había llegado a tiempo.

En lugar de permanecer succionada en lo que sucedía con mi existencia física y mi familia, fui liberada de mis emociones. Una vez más, estaba rodeada del sentimiento tranquilizante de una historia más grandiosa desenvolviéndose. Supe que aún si no escogía regresar, todo era exactamente como debía ser en el gran tapiz de la vida.

En el momento en que decidí seguir con la muerte, me di cuenta de un nuevo nivel de verdad.

Descubrí que desde que fui consciente de quién realmente era y entendí la magnificencia de mi verdadero ser, con sólo escoger volver a la vida, mi cuerpo se sanaría rápidamente -no en meses o semanas, ¡sino en días! ¡Supe que los doctores no encontrarían rastros del cáncer si escogía regresar!

¿Cómo puede ser? Estaba sorprendida con esta revelación y quería entender el por qué.

Ahí fue cuando entendí que mi cuerpo es solamente el reflejo de mi estado interno. Si mi estado interno estuviera consciente de su grandiosidad y conexión con Todo-Lo-Que-Es, mi cuerpo pronto reflejaría eso y sanaría rápidamente.

Aunque siempre podía hacer una elección, también discerní que había algo más; se sentía como si tuviera algún propósito pendiente de cumplir. Pero, ¿cuál? ¿Qué debía hacer para encontrarlo?

Percibí que no tendría que salir a buscar lo que se suponía que tenía que hacer, sino que se volvería obvio frente a mis ojos. Se trataba de ayudar a muchísima gente, compartiéndoles este mensaje sin tener que trabajar para lograrlo. Simplemente se daría permitiendo que por sí solo se desenvolviera frente a mí.

Para entrar en el estado de permitir que esto sucediera, ¡lo único que yo tenía que hacer era Ser Yo Misma!

Me di cuenta que durante todos esos años, lo único que tenía que hacer era Ser Yo Misma, sin juicios y con el entendimiento de que no había fallas en mí. Igualmente, entendí que el núcleo de nuestra esencia es amor puro. Cada uno de nosotros somos amor puro. ¿Cómo podemos dejar de serlo, si venimos del Todo y retornamos a Él? Sabía que entenderlo significaba no tener miedo de ser quienes somos. Por lo tanto, ¡ser amor y expresar nuestro Ser Verdadero es una y la misma cosa!

Al experimentar mi más grande revelación, sentí como una explosión de relámpagos. Entendí que simplemente ser el amor que soy de verdad, me sanaría tanto a mí misma, como a otros. Nunca había entendido esto, sin embargo parecía tan obvio. Si todos éramos Uno, todas las facetas del 

mismo TODO -lo cual es amor incondicional- claramente son Amor. Supe que ese era realmente el único propósito de la vida: ser nosotros mismos, vivir nuestra verdad y ser el amor que somos. 

Como para confirmar mi comprensión, tuve consciencia de que mi padre y Soni me comunicaban: 

“Ahora que ya sabes la verdad sobre quién realmente eres, ¡regresa y vive tu vida sin temores!”. 




CAPÍTULO 8 - ALGO INFINITO Y TOTALMENTE FANTÁSTICO
Extracto del Libro: “MUERO POR SER YO” de ANITA MOORJANI (Mar/2012)
Traducción libre y gratuita al español de mi esposa y revisión mía (Sep/2012)

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